Entonces, ¿debemos estar siempre atentas para distinguir entre el amor verdadero y el deseo sexual?

por Amor Seguro, A.C. el enero 25th, 2012

Sí, porque es muy fácil que el ambiente erotizado de hoy los haga parecer equivalentes. Una cosa es el amor y otra el deseo.

Un párrafo del Quijote quizá nos ayude a comprender que detrás de cualquier planteamiento confuso entre amor y sexo (por ejemplo «como te amo, necesito sexo») hay un lamentable engaño. Dice así:

Sucedió, pues, que como el amor de los mozos, para la mayor parte no lo es, sino apetito, el cual, como tiene por último fin el deleite, en llegando a alcanzarlo se acaba, y ha de volver atrás aquello que parecía amor, porque no puede pasar adelante del término que le puso la naturaleza, el cual término no lo puso a lo que es verdadero amor.

Encontramos aquí algunos conceptos interesantes: apetito, deleite, término, verdadero amor. Dice Cervantes que el apetito (o ‘las ganas’) tiene como finalidad el deleite. Cuando el deleite se obtiene, termina aquello que parecía amor. ¿Cómo saber, pues, si en una relación de novios, existe verdadero amor o tan sólo búsqueda del deleite?

La señal es, precisamente, la que dice Cervantes: que cuando el deleite pasa, el amor falso no continúa (en llegando a alcanzarlo se acaba). Entonces ha de volver atrás aquello que parecía amor, es decir, que cuando a tu novio se le acaba el placer (o ya no se lo das), disminuye su interés por ti. En cambio, si él verdaderamente te ama, no le importará demasiado el placer, le importarás tú, independientemente de que haya placer o no. Una insistencia grande en el placer es, por lo menos, sospechosa, ¿no crees?

Placer, deleite, apetito: el amor los incluye, no los desprecia. Dios los puso como acompañantes del amor, no como sustitutos del mismo. El placer, el deleite, ha de ser consecuencia del amor (primero el amor; con él y a su tiempo, el deleite). El placer, el deleite, sigue, no se persigue. Si se persigue, tendrás muchos motivos para pensar que estás siendo usada. Un buen lema para ti podría ser, antes de comenzar cualquier relación de noviazgo, que tu pretendiente supiera de este deseo tuyo: ÁMAME, NO ME USES.

Por lo tanto, el placer, como dice Cervantes, no puede pasar adelante del término que le puso la naturaleza. El placer no sirve para determinar si habrá o no una verdadera permanencia, porque el placer va y viene. Una unión basada en el placer, ¿podrá mantenerse siempre? No, es claro que no. El amor, en cambio, es lo que permanece: el cual término no lo puso a lo que es verdadero amor. De modo que si un noviazgo y el subsiguiente matrimonio están basados en el placer, casi seguro no permanecerán; si su fundamento es el amor verdadero, el fundamento es sólido.

Placer, deleite, apetito, son realidades subjetivas. Y las decisiones en la vida no se toman sólo en base a lo subjetivo. Si quieres lanzarte de un trampolín de diez metros porque tienes muchas ganas de hacer piruetas en el aire y lucir tu esbelta figura, me parece muy bien. Tienes apetito de clavados, si pudiéramos hablar así. Pero asegúrate que hay agua en la alberca. Si no la hay (es decir, si no existen razones objetivas, fundadas en la naturaleza de las cosas), te romperás la crisma.

Autor: P. Ricardo Sada Fernández Sacerdote de la Prelatura del Opus Dei

– La pureza de las jóvenes  – Noviazgo y sexualidad

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